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El tranvía de Adelaida y la basura nuclear de Australia.

Por Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo

Presidente de FUNAM y Profesor Titular de Biología Evolutiva Humana en la Universidad Nacional de Córdoba. Email: montenegro@funam.org.ar.

Es junio del 2000. En un tranvía que se desliza silenciosamente hacia el centro de Adelaida, en Australia, comienza a escribirse el primer capítulo de la larga lucha contra el ingreso de basura nuclear australiana. En ese tranvía y luego de una reunión organizada por Naciones Unidas supimos por el embajador argentino Néstor Stancanelli que INVAP construiría un reactor nuclear para los australianos. Apenas unas horas antes yo había acompañado a manifestantes de ese país que protestaban contra la posible instalación de basureros nucleares. Uno de sus carteles decía "No a Lucas Heights II". Recién entonces, en un tranvía de Adelaida, supe lo que significaba ese cartel. Un mes más tarde ANSTO de Australia e INVAP de Argentina firmaban el contrato.

La reunión de Naciones Unidas en Adelaida sirvió para que nos encontráramos miembros de ONGs australianas y profesores universitarios. Yo no sabía en ese momento que meses más tarde los colegas de Adelaida me darían una noticia increíble, y que esa noticia se relacionaría con el reactor nuclear tan vivamente defendido por el embajador argentino. Ya en la Argentina un periodista del principal diario de Sydney me hizo una nota desde Nueva York. Los australianos supieron entonces que INVAP había probado una parte del reactor CAREM sin autorización del gobierno de Río Negro. La noticia molestó profundamente a INVAP, que trató, infructuosamente, de acallar la voz de nuestra organización. En FUNAM todavía recordamos las amenazantes e inefectivas cartas documentos de INVAP. 

En septiembre de 2000 recibimos una copia de la presentación que había efectuado el Ministro australiano Nick Minchin ante el Senado de su país. Nos la había enviado David Noonan, directivo de ACF, una prestigiosa organización ambientalista de Australia. La presentación de Minchin tenía fecha : 29 de agosto. Recuerdo perfectamente el momento en que leí uno de sus párrafos. Hasta lo traduje varias veces, incrédulo por su contenido. Allí el ministro describía  que los residuos radiactivos que produjera el reactor nuclear de INVAP iban a ser enviados a Argentina para su procesado, y luego de tratados, devueltos a Australia. Entendimos entonces porqué el contrato era secreto. Por eso no lo habíamos podido saber en Argentina. El gobierno de Fernando de la Rúa e INVAP habían violado con sus actos el Artículo 41 de la Constitución Nacional que prohíbe el ingreso de residuos radiactivos extranjeros. Una vez más la solidaridad entre organizaciones y universidades, australianas y argentinas, permitía que la verdad asomase a la superficie.

Como en Australia comenzaban los Juegos Olímpicos, acordamos que no era un buen momento para mostrar lo que habíamos descubierto. Esos días adicionales nos permitieron obtener más detalles del contrato secreto. Poco tiempo después Greenpeace de Argentina también obtenía la misma información, esta vez confirmada por INVAP. Concluidas las Olimpíadas y confirmados todos los datos, el 10 de octubre de 2000 hicimos conferencias de prensa simultáneas en Australia y la Argentina denunciando que el contrato firmado por ambos países tenía una cláusula secreta que violaba la Constitución de Argentina. Lo oculto e ilegal tomaba estado público.

Pero a la violación constitucional del contrato se le agregaría, inesperadamente, otra más grave aún: el acuerdo de cooperación nuclear. Era evidente que la difusión de las cláusulas secretas había molestado a INVAP y ANSTO. Por eso necesitaban fortalecer el contrato con una herramienta jurídica más importante. INVAP podría además seguir vendiendo reactores nucleares, y ofrecer al mismo tiempo que sus residuos radiactivos se traten en la Argentina. Volvía a resurgir el proyecto kilovatio limpio impulsado por INVAP y Conrado Varotto. Su idea, que naufragó con la reforma constitucional de 1994, era vender reactores nucleares a otros países, y recibir definitivamente en Argentina toda la basura nuclear que produjesen. Años después Conrado Varotto seguía criticando el molesto artículo 41 de la Constitución. Lamentablemente, el contrato secreto con Australia fue una versión remozada de ese proyecto. Pero el secreto había dejado de serlo. Ahora aparecía en escena el acuerdo nuclear. Nuevamente las organizaciones y universidades australianas dieron la alerta. Gracias a ellos conocimos el primer borrador de convenio de cooperación nuclear entre los gobiernos de Australia y Argentina. Solo que en este acuerdo daba una vuelta más de tuerca. No solo habilitaba el ingreso de residuos radiactivos de Australia para el procesamiento, sino también para el reprocesamiento. Esta operación permite extraer de la basura nuclear plutonio 239, un peligroso material radiactivo que se utiliza para la fabricación de artefactos nucleares y combustibles. Pese a que violaba la Constitución, el acuerdo de cooperación fue firmado por ambos gobiernos el 8 de agosto de 2001 en Canberra.

El silencioso andar del tranvía de Adelaida quedó congelado en la historia. Ya hace tres años que el contrato secreto firmado por INVAP y ANSTO violó la Constitución, y dos años que un acuerdo de cooperación nuclear repitió la misma ilegalidad. Afortunadamente el acuerdo todavía no ha sido aprobado por el Congreso. INVAP debe aprender que puede hacer negocios sin necesidad de violar la Constitución. Aunque para Conrado Varotto los constituyentes de 1994 impidieron un gran negocio para la Argentina al prohibir el ingreso de residuos radiactivos, esa reforma, por el contrario, impidió que nos transformásemos en el patio de atrás del mundo. Ningún contrato justifica vender nuestra seguridad y nuestro futuro. Los argentinos no tenemos porqué recibir la basura nuclear de otros países. Además, la Constitución lo prohíbe. 

 

Este material puede ser reproducido, citando el autor y la fuente. Se ruega remitir una copia de lo publicado a funam@funam.org.ar



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