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Movilización en Córdoba contra el malathión.
FUNAM realizó un informe que demuestra la peligrosidad de este insecticida. El malathión siempre va acompañado de otros productos tóxicos.

La Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM) y la Cátedra de Biología Evolutiva Humana de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) elaboraron un informe técnico sobre los riesgos sanitarios y ambientales del malathión. El trabajo que demuestra la peligrosidad de este insecticida para la salud humana, el ambiente y la actividad turística de Traslasierra fue entregado a los vecinos del oeste cordobés.  Raúl Montenegro, autor del documento, Presidente de FUNAM y Titular de la Cátedra de Biología Evolutiva Humana, advirtió que el complejo malathión es “cancerígeno, mutagénico, genera anomalías cromosómicas y altera el desarrollo embrional y fetal” del ser humano. También es “teratogénico (genera malformaciones) y afecta el sistema reproductivo, daña el riñón, hígado y otros órganos”. El malathión “es un neurotóxico que puede actuar sobre el hipotálamo y afectar asimismo la memoria, produce neuropatías demoradas, resulta nocivo para la vista (enfermedad de Saku), afecta el sistema inmune y produce trastornos de conducta”.

Entre los casos más graves de contaminación con malathión se destacan los de Arizona, California y Pakistán. En Arizona, Estados Unidos, la aplicación de malathión por spray en un jardín “produjo efectos negativos en 300 niños” al introducirse en el sistema de ventilación de una escuela. Los estudiantes “debieron ser hospitalizados con dolor de cabeza, náusea y dificultades respiratorias”. En 1990, durante la campaña de erradicación de la mosca de las frutas en California “se afectaron campos de beísbol donde se hallaban jugando niños. La mayoría de los presentes indicaron haber sufrido dolor de cabeza, de garganta, irritación ocular, urticaria, erupciones y náuseas”. Pero la intoxicación más dramática ocurrió en Pakistán.  Durante un programa de erradicación de la malaria, en 1976, “sobre un total de 7.500 aplicadores contratados unos 2.800 resultaron envenenados y 5 murieron”. La principal causa de envenenamiento fue la presencia de Isomalathión, una impureza del malathión técnico utilizado.

Muchos de estos efectos se producen incluso a bajas dosis”. La utilización del malathión ya fue prohibida en algunos países del mundo. Si bien hasta mediados de 1998 “tenía uso permitido en los Estados Unidos sobre 140 cultivos y plantaciones, en julio de ese año la Agencia de Protección Ambiental  (EPA) revocó su utilización en 50 de ellos”. En Sri Lanka, Indonesia y países de la ex Unión Soviética tiene un uso restringido. Los trabajos de S. Ishikawa en Japón, que estudió el efecto del malathión sobre la generación masiva de trastornos visuales, logró que en ese país se suspendieran las aplicaciones aéreas. Steve Johnson, Administrador de Pesticidas de la EPA considera al malathión “uno de las más riesgosas clases de químicos”,  por eso se lo considera “el DDT de los fosforados”. La creciente evidencia sobre los efectos adversos de este organofosforado podría hacer que se repita la historia del DDT, uno de los primeros organoclorados usados a gran escala y que finalmente se prohibió.

El informe técnico de FUNAM y la Cátedra de Biología Evolutiva Humana señala que el malathión  “resulta particularmente dañino para los ecosistemas, en particular insectos, peces y aves. El malathión una vez aplicado “tiende a concentrarse en la piel de las frutas y no puede ser removido con facilidad si solo se usa agua” . El informe explica que este dato “no es tomado en cuenta por las autoridades de Agricultura. Tanto pelar como cocinar y calentar las frutas y otros alimentos contaminados con malathión reducen en principio sus residuos pero no está claro si a determinadas temperaturas pueden generarse metabolitos más tóxicos como el Isomalathión o el malaoxón”.

La Campaña en Traslasierra violaría normativa vigente.

El informe técnico señala que el insecticida malathión “se pretende aplicar en forma ilegal e inconsulta desde la Secretaría de Agricultura del gobierno de la Provincia de Córdoba” para combatir la mosca de los frutos. Raúl Montenegro indicó que “resulta incomprensible cómo el área de Agricultura pudo decidir el uso de un plaguicida de alto riesgo como el malathión ”sin seguir los pasos: administrativos previstos por la Ley del Ambiente 7343 y su Decreto Reglamentario 3.290/90” Montenegro señaló que la Agencia Córdoba Ambiente “no aprobó el Aviso de Proyecto que establece esta Ley” hasta enero de este año y que el área de Agricultura “decidió unilateralmente la aplicación del complejo malathión en el valle de Traslasierra para controlar las poblaciones de moscas de la fruta (Diptera, Tephritidae). Esta decisión se adoptó a fines del año 2000 en ausencia de moscas que justificaran tal decisión. Contrariando protocolos reconocidos de prevención y control, al momento de la decisión gubernamental el valle de Traslasierra no contaba con una red estadísticamente diseñada de trampas para la detección precoz de Tephritidae. Aún hoy esa red no existe”.

El presidente de FUNAM agregó que tampoco “se evaluó la compleja diversidad de frutas huéspedes del sistema de hospederos ni la inviabilidad de aplicar un insecticida fosforado en mosaicos ambientales dominados por vegetación nativa”. Montenegro sostuvo que “no se estudió previamente el perfil toxicológico y ecotoxicológico del malathión, ni el de sus impurezas y aditivos trimetil fosforotioatos, malaoxón, otros)” El informe advierte “que no se evaluó con anterioridad a la decisión el impacto sanitario y ambiental de la campaña de aplicación y que no se realizó un estudio integrado sobre la organización ecológica, social y económica del valle para determinar la viabilidad de emprendimientos frutihortícolas sensibles a Tephritidae”. Además aclara que no se evaluaron “los riesgos de decidir una campaña de aplicación de malathión en temporada turística, ni se consultó a la población y las Organizaciones No Gubernamentales locales” sobre la conveniencia de aplicar el insecticida. El documento técnico indica que no se tuvieron en cuenta “los riesgos de acciones civiles y penales contra el gobierno de la Provincia y el erario público que pudieran iniciar personas, organizaciones y empresas afectadas por el uso real y potencial del malathión invocado el Código Penal (violación al Artículo 248) y el Código civil (daños y perjuicios).

El malathión atenta contra la actividad turística de Traslasierra.

El informe técnico advierte que “ciertos usos productivos del suelo “pueden afectar negativamente otras actividades económicas, e incluso hacerlas colapsar. En este contexto la convivencia de grandes plantaciones frutales saturadas de organofosforados parece incompatible con el turismo sustentable y el desarrollo de proyectos de agricultura orgánica”. Eduardo Bottaro del Grupo de Defensa Ambiental de Traslasierra, una de las agrupaciones que combate su uso señala que el turismo salud y las producciones orgánicas desarrolladas en el faldeo de las sierras se verían “seriamente afectadas por el uso del malathión”. José Luis Serrano, titular de la Región Oeste de la Agencia Córdoba Turismo y creador del popular personaje Doña Jovita, afirmó que la decisión de la Secretaría de Agricultura de usar el malathión “tuvo un carácter autoritario” y aclaró que jamás avalará el uso de los fosforados “porque conozco muy bien las graves secuelas que le dejan a la gente”.  Por su parte la Secretaría General de la Gobernación de la Provincia, Olga Riutort, dijo que si bien es cierto que está permitido el uso del malathión, “es mejor no utilizarlo especialmente en un área donde empiezan a tener auge los cultivos sin uso de agroquímicos, que pueden tener una salida importante para Villa Dolores y la zona”. Riutort sostuvo que “hay métodos alternativos, pero hay que discutirlos en el ámbito de una comisión”.

Alternativas al uso del malathión.

En un informe, el biólogo Raúl Montenegro indicó que “tanto los riesgos inherentes al malathión y sus impurezas como el particular arreglo ecosistémico de Traslasierra invalidan el uso de malathión. Cabe aplicar asimismo el “Principio de precaución”. La mejor alternativa disponible es el Manejo Integrado de Plagas (MIP) sin fosforados ni otros plaguicidas de riesgo porque este método puede balancear la efectividad del MIP elegido con la escala de producción frutal más adecuada al perfil socio-productivo actual de la zona”. Mireya M. de Brewer, de la Cátedra de Entomología de la Universidad Nacional de Córdoba, señala que el MIP “es un enfoque que enfatiza el ahorro de energía auxiliar del sistema y optimiza el desempeño del cultivo, como asimismo la resistencia ambiental a los fitófagos” y otras especies plaga. Su objetivo es “regular la población de esas especies por debajo del umbral de daño económico en un contexto ecológico, económico y social”

El informe señala que para el caso particular de la mosca del Mediterráneo pueden utilizarse varias herramientas como parte del MIP:

“Control biológico. Comprende dos métodos principales: a) Uso de microhimenópteros que parasitan las larvas jóvenes y las pupas. Este método ha tenido un escaso desarrollo ante la preferencia por insecticidas de alto riesgo como el Malathión. b) Técnica del macho estéril. Consiste en criar en laboratorio machos de Ceratitis capitata y esterilizarlos mediante radiacción Gamma. La fuente es generalmente Cobalto 60. Estos machos son liberados luego al ambiente problema, en lo posible a relaciones 1:20 (20 machos estériles por cada macho fértil). Dado que la hembra suele copular una única vez en toda su vida, y que la disponibilidad de machos estériles es mayor a la de fértiles, puede disminuír el número de cópulas “viables” y de huevos fertilizados. Este método suele utilizarse cuando la densidad poblacional de la plaga es relativamente baja. Uno de sus inconvenientes, muy poco evaluado, es que la irradiación de machos puede generar mutantes no estériles con algún carácter indeseado que refuerce o aumente la riesgosidad de la plaga”.

“Control cultural. Comprende dos métodos principales: a) Recolección de frutos caídos. Mediante este procedimiento se recogen frutos que pueden estar parasitados por larvas. Aunque un documento de la Secretaría de Agricultura y Ganadería recomienda el enterramiento a 60 centímetros de profundidad o bien la quema, esta última práctica no debe ser utilizada. Además de ser un peligroso agente iniciador de incendios, existe la posibilidad que aplicaciones anteriores de Malathión hayan dejado residuos, y que estos se transformen por calentamiento en compuestos mucho más tóxicos. b) Roturación de suelos. Mediante esta práctica se remueven los 2-3 primeros centímetros del suelo para eliminar las pupas. Como herramientas pueden usarse la rastra de dientes o rotativas. Es conveniente realizar el trabajo durante el invierno...”

Montenegro agregó que entre los plaguicidas de bajo impacto ambiental “ya se ha aplicado tierra de diatomeas. Lo curioso es que el Ministerio de Agricultura ni siquiera menciona esta alternativa”.

Fuente: Montenegro, R. A. 2001. Efectos sanitarios y ambientales del Malathión. Ed. FUNAM y Cátedra de Biología Evolutiva Humana de la Universidad Nacional de Córdoba, 52 p. Otras: FUNAM y La Voz del Interior (Córdoba), enero y febrero de 2001.

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