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Miramar, el pueblo de Ansenuza.
Por Rosana A. Guerra.Algunos lugares se hacen populares por la belleza de sus paisajes y la particularidad de sus personajes.
Otros trascienden el anonimato por acontecimientos excepcionales que rompen con el curso de la historia todavía no escrita. Pero unos pocos pueden arropar la frescura del presente y el gris recuerdo del pasado al mismo tiempo sin perder su propia identidad.
La localidad de Miramar, ubicada en el extremo noreste de la provincia de Córdoba, entre los meridianos 62º y 63º y los paralelos 30º y 31º, posee uno de los diez lagos salados más extensos del planeta y uno de los escasos lugares de la Argentina donde se puede contemplar la puesta del sol en el horizonte perfecto que contornea el agua. La laguna Mar Chiquita y el sistema de bañados del río Dulce abarcan los departamentos San Justo, Río Primero, Río Seco, Tulumba, parte de la provincia de Santiago del Estero, y brindan la mayor parte de los recursos naturales que sustentan la actividad económica de Miramar.
Los datos climatológicos registrados durante 1957-1965 por la Fuerza Aérea, indican que la temperatura máxima promedio fue de 24,9 º C con una máxima absoluta de 43,8 º C, una temperatura mínima promedio de 13,3 ºC y una mínima absoluta de -5,3 ºC. Para este mismo período la precipitación media fue de 833 milímetros. Según el censo del año 1996 en Miramar viven 2.164 habitantes, un 20, 2% más que el registrado en el censo del año 1991(1.800 habitantes). De ese total, la mitad vive del turismo y el resto se reparte entre la pesca del pejerrey y la cría de nutrias en cautiverio.
A pesar de la catástrofe ocurrida hace 20 años cuando la Laguna Mar Chiquita inundó la mitad del pueblo y destruyó parte de los campos de la zona, los lugareños han demostrado que aprendieron a subsistir con los recursos que les brinda la Mar de Ansenuza, nombre indígena de Mar Chiquita. Tras el desastre de diciembre de 1978 y durante más de diez años los miramarenses sobrevivieron sabiendo que bajo las aguas permanecían hundidos 102 hoteles y 200 viviendas, vislumbrando la cruz de la iglesia en medio de la mar azotada por el viento y entrecruzada por los atardeceres. Al dinamitarse los edificios inundados en 1992, los recuerdos de la catástrofe se desmoronaron. Actualmente la mayor parte de la actividad económica de este pueblo, se mantiene gracias a la riqueza de la Laguna. En el verano de 1998, los lugareños acogieron a 100.000 turistas que se acercaron a la Mar de Ansenuza atraídos por las propiedades terapéuticas de sus barros y aguas saladas.
En la temporada estival más alta de los últimos veinte años, Miramar respondió con sus 1.800 plazas hoteleras y con la calidez de los lugareños que ofrecieron sus casas de familia como albergues de paso. En este tipo de épocas turísticas de alta en que se ve rebasada la oferta hotelera de Miramar a los visitantes se los deriva a localidades vecinas como Marull, Balnearia y Morteros. A la riqueza faunística y paisajística de la Laguna se le suma la inventiva de sus habitantes reflejada en los carteles apostados en los frentes de las casas que titulan: "alquilo por temporada" y el clásico y repetido "Se vende pejerrey fresco".
Al contrario de lo que se cree, la creciente de 1978 no sólo trajo dolor y sufrimiento sino también un efecto benéfico: al disminuir la salinidad del agua el pejerrey se multiplicó considerablemente. Las modificaciones a la ley de pesca que autorizaron en 1996 la extracción de esta especie con fines comerciales únicamente en la Mar Chiquita, también contribuyó a incrementar esta actividad que mueve anualmente unos 700.000 pesos. En Miramar existen familias completas dedicadas a la actividad pesquera, desde los hombres con sus hijos que calan sus redes en la mar todas las mañanas y regresan con una carga promedio de 40 kilogramos diarios de pejerrey (fileteado), hasta las mujeres que realizan el despinado del pescado. Como dato interesante, de los 80 pescadores habilitados en Córdoba, 60 viven en Mar Chiquita. La mitad de los "capitanes de ultramar" lo faena por su cuenta; el precio pagado por los pejerreyes es de alrededor de 2,25 pesos por kilogramo (entre 2,0 y 2,5 pesos). El resto se ahorra este trabajo y lo vende a la procesadora de Luis Pierucci, recibiendo algo menos de un peso por kilogramo.
En este pueblo del norte de Córdoba, además del espectáculo de los flamencos que pueden ser contemplados en la Reserva luego de viajar por la Laguna, se encuentran en la Mar de Ansenuza el 30% de las especies de aves del país y el 90% de aves de nuestra provincia de Córdoba. Por este motivo la Mar de Ansenuza fue declarada Reserva natural y provincial, además de sitio de la Red Hemisférica de Aves Playeras en 1991. Aunque los flamencos se encuentran en la lista de especies amenazadas, habitan en sus orillas el flamenco austral (Phoenicopterus chilensis) y el flamenco andino (Phoenicoparrus andinus) que nidifica en la Cordillera de los Andes y visita la laguna en invierno. La Mar de Ansenuza es el único lugar donde la gaviota de Franklin pasa los meses de invierno antes de regresar en verano a sus lugares de cría en Norteamérica, en tanto que el gaviotín pico grueso (Gelochelidon nilotica) eligió a los islotes de la laguna como el único lugar de Sudamérica para reproducirse.
Miramar, el pueblo donde las calles conducen indefectiblemente a la mar y donde sus habitantes viven gracias a los recursos de la laguna y los Bañados del Dulce, sólo puede mantenerse a través de un desarrollo sustentable que preserve la riqueza y la belleza de sus ecosistemas únicos.
(*) Periodista.
Referencias:González L. 1999. Mar Chiquita. Diario La Voz del Interior, Córdoba, 17/05/99. www.lavozdelinterior.com.ar
Reyna, S. y otros. 1998. Valoración del impacto ambiental en la región de Mar Chiquita y la cuenca afectada por el Canal Federal. Convenio Ministerio del Interior, Gobierno de Córdoba y CFI, Córdoba, vol. 1 (309 p.) y vol.2 (545 p. +Anexos).
Fuerza Aérea Argentina. 1999. Departamento de Metereología del Area Noroeste de la Fuerza Aérea Argentina. Mimeo, Córdoba, 6 p.
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