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Córdoba: FUNAM pidió a la Justicia Federal que investigue la excepcional cantidad de casos de leucemia que se registra en barrio Ituzaingó de la ciudad de Córdoba. El biólogo Raúl Montenegro indicó que además de 7 casos de leucemia en una superficie pequeña del barrio existen numerosas otras enfermedades del sistema sanguíneo. Pidió que se investigue si fueron provocados por la fumigación aérea de campos de soja situados juntos al barrio. Muchos niños habían sido rociados durante el pasaje de los aviones.

Córdoba, 12 de Abril de 2002.- La Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM) pidió a la Fiscalía n° 3 de la Justicia Federal de Córdoba que investigue si el excepcional número de casos de leucemia y otras enfermedades registradas en barrio Ituzaingó “se debe a la fumigación aérea con plaguicidas”. Este barrio está localizado junto a cultivos de soja. Algunas viviendas se hallan a menos de 50 metros. El Dr. Raúl Montenegro, presidente de FUNAM y profesor titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba, indicó que muchas madres “habían denunciado que sus hijos habían sido alcanzados por los rociados”. Montenegro agregó que “el pasaje de aviones fumigadores junto a un área poblada muestra no solo la irresponsabilidad de los productores sino también falta de control por parte del gobierno provincial, en particular de Agricultura. Por ahora pedimos que se investigue a los productores solamente. Pero no descartamos una ampliación para que también se investigue a los funcionarios públicos responsables del control”. Sostuvo que si bien las leucemias son provocadas por distintos agentes ambientales "en el caso particular de barrio Ituzaingó creemos que la principal fuente de riesgo es la fumigación aérea de plaguicidas. Debemos tener en cuenta que ya se encontraron residuos del peligroso pesticida Endosulfán en muestras de agua. Aunque su concentración era baja (0,05-0,1 microgramo por litro), certifica la presencia de tóxicos en el barrio”. Montenegro subrayó que lo sucedido en barrio Ituzaingó “bien puede ser un caso testigo a nivel nacional. La gran cantidad de casos de leucemia y de otras enfermedades del sistema sanguíneo, y las permanentes tareas de fumigación en los campos vecinos exigen una profunda investigación. Recordemos que según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos los niños tienen 6 veces más sensibilidad al desarrollo de leucemia por causa de plaguicidas”.

La leucemia y sus causas.

El Dr. Raúl Montenegro indicó que la leucemia “suele ser el resultado de fallas que se registran en el material genético (ADN) de los glóbulos blancos. Se considera que ese error en el ADN sucede por traslocación, esto es, cuando una parte de un cromosoma se adhiere a otro cromosoma. La traslocación altera la secuencia normal de genes, de allí que los oncogenes (o genes promotores del cáncer) puedan quedar “prendidos” para actuar y que los genes que operan en sentido opuesto, los supresores, queden “apagados”. En muchos casos de leucemia se detecta traslocación de cromosomas, un carácter que ayuda a su identificación”. Agregó que la leucemia “puede ser producida por uno o por varios factores ambientales” y que el número de casos “puede dispararse allí donde coinciden varios factores, o cuando uno de esos factores está a valores muy altos. Cuando hay varios factores estos no actúan separadamente sobre el organismo. El niño los sufre a todos en forma simultánea, y su organismo puede neutralizarlos o no. En el caso particular de barrio Ituzaingó la mayoría de los indicios sugiere como causa principal el uso de plaguicidas en los campos vecinos”. Montenegro señaló que entre los factores ambientales que se asocian a las leucemias infantiles “figuran la radiación ionizante producida por materiales radiactivos y los rayos X,  sustancias químicas como el benceno y la dioxina TCDD, pesticidas como diazinón, carbofurán, furadán, endrin, metoxicloro, 2,4-D e incluso glifosato (muy utilizado en cultivos de soja), el humo de tabaco (en particular por el efecto del benceno, el polonio 210 y los hidrocarburos aromáticos policíclicos) e incluso el uso de ciertos medicamentos, como el cloramfenicol. Recientemente dos estudios multiepidemiológicos mostraron además que niños sometidos a campos magnéticos iguales o superiores a 0.3 microtesla tienen 1.7 a 2.0 veces más probabilidad de desarrollar leucemia que niños expuestos a valores inferiores. También los virus, en particular el retrovirus HTLV1, pueden causar leucemia. Pero este no es el caso de barrio Ituzaingó”.

Un debate abierto: como proteger a los niños.

FUNAM indicó que cuando se registran casos como el de barrio Ituzaingó “surge la controversia entre los límites tolerables que contiene la legislación, y los límites mucho más bajos que sugieren estudios epidemiológicos”. El Biólogo Raúl Montenegro indicó que en septiembre del 2001 presentó en la Universidad de Georgetown, en Washington, “una alternativa original para enfrentar este dilema. Considero que además de los estándares legales, es decir de los límites de exposición para sustancias y energías dañinas contenidos en leyes, también debemos usar estándares precautorios. Estos últimos derivan de estudios multiepidemiológicos publicados en revistas internacionales con referato. Cuando un trabajo científico demuestra que a determinadas dosis de una cierta sustancia o energía existen efectos perjudiciales para la salud,  esas dosis pueden transformarse en estándares precautorios. De este modo y frente a la duda, se opta por la salud”. Un buen ejemplo, agregó, son los campos magnéticos generados por líneas eléctricas, campos que también deben ser medidos en barrio Ituzaingó. La ley permite hasta 25 microteslas de campo magnético, una cantidad absurdamente alta. Este es un estándar legal. Pero dos trabajos multiepidemiológicos publicados a fines del 2000 demostraron que a campos magnéticos iguales o superiores a 0.3-0.4 microteslas, la probabilidad de que aumente el riesgo de leucemia en niños es de 1.7 a 2.0 veces. Este es un estándar precautorio. En un país colapsado como el nuestro muchos estándares necesitan ser revisados para que los estándares precautorios se transformen en estándares legales”. Montenegro agregó que solo recientemente “se ha empezado a considerar que los niños son más sensibles a los agentes ambientales dañinos, y que los estándares hechos para adultos no los protegen. Además no están sometidos a un solo agente, sino, por lo general, a varios de ellos”. FUNAM indicó finalmente que la provincia de Córdoba “al igual que el resto del país  carece de información epidemiológica confiable. La falta de relevamientos epidemiológicos ya es crónica. El Estado solo actúa cuando la propia comunidad detecta una cantidad anormal de casos, y cuando lo hace, sus protocolos de investigación dejan mucho que desear. El caso de barrio Ituzaingó en Córdoba ha detonado muchos problemas que estaban tapados. Confiamos en que los primeros acercamientos entre el Ministerio de Salud de la provincia, que lidera Roberto Chuit, y estos nuevos criterios de protección de la salud que nosotros proponemos puedan comenzar un cambio”.  




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