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La Mar Chiquita y el Canal Federal.

Por Raúl A. Montenegro.

El impacto ambiental del Canal Federal.

El proyecto se inició y desarrolló como una compleja obra de ingeniería sin evaluación previa de impacto ambiental que ya violó las Leyes del Ambiente 7.343 de Córdoba, 6.321 de Santiago del Estero y 6.269 de la provincia de Tucumán. Originalmente participaron del proyecto el gobierno Federal, hoy su principal impulsor, y las provincias de Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Catamarca y La Rioja. Salta nunca fue invitada a las deliberaciones. Aunque se suscribieron numerosos documentos, la mayoría eludió la realización de evaluaciones de impacto ambiental (EIA). La única excepción fue un estudio complementario, incluido como anexo en el acuerdo de 1994, para evaluar el impacto del SIF sobre la laguna de Mar Chiquita (cf. Montenegro, 1999).

En 1998 el equipo consultor de la Universidad Nacional de Córdoba dirigido por Santiago Reyna dio a conocer un anticipo primero y la versión definitiva después del estudio complementario sobre el impacto que tendría la quita de agua sobre el comportamiento hídrico de la laguna de Mar Chiquita (Expediente 0425-57.166/98). Este trabajo fue financiado por el Consejo Federal de Inversiones como parte del convenio suscrito en 1994. Sus resultados, determinados para seis escenarios de extracción "Q" (5, 10, 20, 30 y 60 m3/s), calcularon los niveles de impacto para 7 factores y 19 subfactores. Los de cierta magnitud se apreciaron muy claramente a partir de Q = 10 m3/s. Dicho trabajo generó un debate público que todavía continúa. La cuenca endorreica del río Salí-Dulce comprende arbitrariamente una porción activa o de captación situada en las provincias de Salta y Tucumán; una porción de cuenca media en la provincia de Santiago del Estero, y una porción de cuenca baja en la provincia de Córdoba.
Previo al desarrollo del SIF la cuenca ya era un sistema altamente comprometido por: (a) la deforestación y el desmanejo ambiental registrados en su cuenca de captación; (b) el cambio climático global y los efectos de las corrientes del Niño y de La Niña; © el uso actual y futuro de su módulo (con cupos variables de extracción); (d) el desorden de las obras hidráulicas existentes y de las que se prevé construir sobre su curso y canales; (e) la contaminación de sus aguas; (f) la alteración generalizada de los ambientes lóticos y leníticos del Salí-Dulce y (g) la degradación de los ecosistemas terrestres relacionados (particularmente sus humedales).
Tanto el afluente mayor de la cuenca de la laguna de Mar Chiquita, el río Dulce o Petri, como los afluentes menores, el río Xanaes o Segundo y el río Suquía o Primero, tienen comportamientos cíclicos. Son ríos de naturaleza monzónica con crecientes en verano y bajantes en invierno. Una extracción importante de agua en el río Salí-Dulce, coincidente con años de sequía, podría alterar gravemente el funcionamiento pulsátil de los bañados, disminuir su biodiversidad y afectar el sistema de producción ganadera.

Actualmente los ingresos por actividades económicas directa e indirectamente relacionadas con la laguna son: por turismo, 5,2 a 7 millones de dólares/año; por ganadería, sobre unas 120.000 hectáreas, 4,2 millones de dólares/año; por producción nutriera, 840.000 dólares/año, y por pesca de pejerrey >700.000 dólares/año (Bazán, Herrera y Michelutti, 1998; Reyna y otros, 1998). La plena operación del Canal Federal en años críticos podría significar pérdidas anuales, estimadas, de aproximadamente 11 a 13 millones de dólares.
El gran ecosistema regional de Ansenuza integra un complejo juego de subsistemas fluctuantes, con soportes no vivos y organismos adaptados a ese juego. El impacto más grave ocurre cuando parte de ese juego se rompe, esto es, cuando la bajante -que forma parte del sistema- se vuelve constante. Tanto el desorden con que está siendo manejada la quita de agua del río Dulce en Santiago del Estero como el proyecto Canal Federal imponen al sistema de la cuenca baja (bañados, laguna de Mar Chiquita) ya no un modelo de flujo bajo y constante, sino un modelo de flujo en descenso (modelo de caudal decreciente). Aunque disimulable durante épocas de gran pluviosidad y de menor capacidad de retención en las cuencas altas, su impacto podría ser altamente significativo durante los períodos secos. El sistema está adaptado a las fluctuaciones, no al mantenimiento de uno de los extremos de esa fluctuación (en este caso el de bajo caudal).

Si todos los factores negativos actuasen simultáneamente, una situación bastante probable, la crisis de la laguna y los bañados podría ser grave e incluso terminal. Tres hechos avalan esta previsión: (a) el proyecto de Canal Federal se instala sobre un sistema que ya sufre fuertes disturbios, esto es, que tiene sus capacidades de carga ("K") totalmente desbordadas; (b) el escenario climático resulta poco propicio dado el juego de las oscilaciones australes de El Niño y La Niña, ambos fuertemente influenciados por el cambio climático global, y (c) los flujos y nodos de especies y genes, biodiversidad, están en su mínimo histórico y con tendencia a disminuír. El norte de Córdoba y el sur de Santiago del Estero siguen siendo terreno libre para el desmonte, los incendios, el tráfico de fauna silvestre y la caza deportiva. Debe quedar en claro que los flujos de especies y genes están "cortados" o por lo menos "estrangulados" desde casi todas las direcciones. Los colapsos hídrico y biológico podrían disparar a su vez graves crisis socio-ambientales en los pastizales de inundación del río Dulce, donde se mantienen sistemas ganaderos, en la propia laguna y en los asentamientos humanos del oeste, sur y este de la Mar Chiquita, cuyas actividades turísticas y pesqueras podrían mermar (Montenegro, 1999).

(*) Biologo.

Este material puede ser reproducido, citando el autor y la fuente. Se ruega remitir una copia de lo publicado a funam@funam.org.ar



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