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FUNAM es una Organización No Gubernamental (ONG) dedicada a unir personas 
e instituciones 
para un desarrollo sostenible.

 

La Fundación 
para la defensa 
del ambiente
(FUNAM) tiene status consultivo
ante el Consejo Económico y Social
de Naciones Unidas (ECOSOC).


FUNAM es 
Premio Global 500 de Naciones Unidas.

Basura nuclear de Australia.

Sería procesada por la CNEA, organismo nacional que no sabe tratar sus propios residuos.

FUNAM envió una carta a los Diputados de la Nación recordando la ilegalidad del acuerdo y advirtiendo que CNEA, el organismo que trataría los residuos, no ha sabido tratar los suyos. 

Córdoba, 3 de octubre de 2003. La Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM), envió un carta a los diputados de la Nación recordando la ilegalidad del acuerdo entre INVAP y ANSTO y advirtiendo que la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el organismo que trataría los residuos radiactivos que ingresarían al país, no ha sabido tratar los suyos. El presidente de FUNAM, biólogo Raúl Montenegro, recordó que tanto el Contrato firmado entre ANSTO de Australia e INVAP como el Acuerdo de cooperación nuclear suscrito entre Argentina y Australia “violan el Artículo 41 de la Constitución Nacional”.

FUNAM sostuvo que tras la firma del Contrato “los argentinos pudieron conocer sus improlijidades e ilegalidad”. Para tratar de disimular estas graves irregularidades y violaciones “los gobiernos de ambos países elaboraron y firmaron rápidamente el Acuerdo de Cooperación que ahora están analizando en la Cámara de Diputados”.

El biólogo Raúl Montenegro indicó que la endeble situación legal del Contrato y del Acuerdo “motivarán seguramente presentaciones por inconstitucionalidad” y que estas presentaciones “llegarán a la Corte Suprema de Justicia”. Sostuvo sin embargo que el Contrato y el Acuerdo “no son solamente ilegales. También contienen una aberración administrativa. La mayoría de las personas saben que INVAP construye el reactor nuclear de Lucas Heights en Sydney, pero muchos desconocen que quien estará a cargo de la basura nuclear australiana no será INVAP, sino la CNEA. Por eso el destino de los residuos radiactivos sería el cuestionado Centro Atómico de Ezeiza.

Las graves deficiencias de CNEA.

Montenegro destacó que es “insólita e inadmisible” la inclusión de CNEA como el organismo encargado de tratar la basura nuclear australiana “porque no ha sabido tratar sus propios residuos radiactivos”. Agregó que esta responsabilidad “es incompatible con el descalabro que generó CNEA en las minas de uranio y en la planta donde se fabrica el polvo de dióxido de uranio”.

El biólogo Raúl Montenegro sostuvo que la CNEA “no tiene ni las instalaciones ni la tecnología necesarias para procesar la basura nuclear que produzcan los australianos”. El ambientalista indicó que para el eventual tratamiento “tendría que firmarse un nuevo Contrato, y como la CNEA no tiene las instalaciones suficientes (ni se las podrá cobrar a Australia) será el Estado argentino (es decir la comunidad) quien debería pagar su construcción. Agregó que es muy probable que la CNEA “intente construir esa planta con fondos nacionales para que esté disponible antes de la posible fecha de envío de los primeros residuos radiactivos desde Australia (año 2014). Esto no se debe permitir, ya que estaríamos subsidiando a los australianos”.

Montenegro advirtió que la CNEA “no está en condiciones de afrontar el tratamiento de la basura nuclear australiana porque ni siquiera ha podido abordar el tratamiento de los residuos que ella misma produce”. Recordó que la CNEA “no remedió como debía las minas de uranio de San Rafael y Malargüe en Mendoza, ni en Los Gigantes en Córdoba. El desmanejo ambiental de estas minas es de tal envergadura, que en Córdoba por ejemplo la CNEA esta tratando de obtener un permiso del gobierno para poder descargar 20.000 metros cúbicos de líquidos residuales al arroyo Cajón, afluente del San Antonio. Vecinos y organizaciones del Valle de Punilla se han movilizado, y no permitirán que la CNEA afecte el río que hoy pasa por la ciudad de Villa Carlos Paz”. Agregó que en San Rafael, en Mendoza “existe una masiva oposición de la comunidad y de los productores a la reapertura de la mina de Sierra Pintada porque finalmente pudieron conocer lo que allí sucedía. Sierra Pintada nunca fue remediada, almacena enormes volúmenes de líquidos contaminados, y algunos sectores de las membranas del dique están rotas”.

En la carta enviada a los diputados de la Nación, el presidente de FUNAM también precisó que CNEA y Dioxitek S.A. “tienen almacenadas más de 36.000 toneladas de residuos de uranio de baja radiactividad en un barrio densamente poblado de la ciudad de Córdoba, donde fueron colocados sin tratamiento previo y sin membranas”. El ambientalista indicó que el de Córdoba “es uno de los pocos casos en el mundo en que una planta entierra sus residuos de uranio en un barrio densamente poblado como lo es La Fraternidad”. Agregó que actualmente “no hay recursos ni proyectos inmediatos para solucionar este problema extremadamente grave. Lo insólito es que Dioxitek ( o sea CNEA) pretende trasladar la fábrica de dióxido de uranio a San Rafael (donde la comunidad tampoco la quiere) sin haber tratado previamente el enorme basural de uranio que yace en barrio La Fraternidad”.

FUNAM también destacó que CNEA “no logró una remediación absoluta y prolija de las minas de Pichiñán en Chubut, Tonco en Salta, Malargüe en Mendoza (donde recién este año comenzó a abordarse la remediación), La Estela en San Luis, y Los Colorados en La Rioja”. Ulises Naranjo, del diario Uno de Mendoza escribió en octubre del 2002 que “a pocos metros de la plaza departamental de Malargüe hay desde la década de 1970 un depósito con 700 toneladas de uranio que comprende unas dos hectáreas. El delicado asunto ya se ha debatido bastante, pero ahora vuelve a la cornisa, pues en el Congreso nacional se analiza un Acuerdo Nuclear con Australia’ (Uno, 8 de octubre de 2002). Los medios y la comunidad han comenzado a preguntarse cómo la CNEA, que ha producido semejantes desastres ambientales, puede pretender hacerse cargo del tratamiento de la basura nuclear australiana”.

Los residuos nucleares de Australia llegarían al Centro Atómico de Ezeiza, donde CNEA no logró tratar su propia basura radiactiva, que hoy contamina el subsuelo.

El biólogo Raúl Montenegro señaló que lo “inadmisible” es que en Ezeiza “el sitio al cual vendría la basura nuclear australiana para su tratamiento, la CNEA ha estado contaminando durante años el ambiente con residuos radiactivos de baja y de media radiactividad”. Esta situación es conocida desde hace años, pero la CNEA nunca asumió el impacto que estaba produciendo en el subsuelo. En 1957 el Dr. Marcelo Irigoyen elaboró un informe para la CNEA que decía: “La eliminación de residuos líquidos radiactivos por infiltración forzada en napas profundas es muy peligroso, por el aprovechamiento casi total de las distintas napas del subsuelo y por existir graves problemas de contaminación de las mismas, al estar intercomunicados entre sí en mayor o menor grado” (M. Irigoyen, 1957, “Informe geológico preliminar del campo de la CNEA de Ezeiza”, Conclusiones y recomendaciones, Punto 5). Treinta años después, en 1987, el propio INCYTH volvió a reiterar esta alerta y en 1990 el Consejo Superior Profesional de Geología concluyó que “debería cesar el método aplicado para la eliminación de residuos radiactivos’ en las trincheras de Ezeiza”. El Dr. Raúl Montenegro indicó que pese a todas estas advertencias, sólidas y fundadas “CNEA siguió contaminando el subsuelo y las aguas subterráneas”.

“Lo grave, indicó Montenegro, es que el mismo organismo que produjo todos estos desbarajustes ambientales, la CNEA, es quien se haría cargo de la basura nuclear de Australia. Si se aprueba el Acuerdo de Cooperación, la CNEA agregará, a la contaminación que ya produjo en Ezeiza el riesgo de procesar material altamente radiactivo pero extranjero muy cerca del Aeropuerto Internacional y en una zona densamente poblada del conurbano bonaerense”.  También señaló que lo anterior “es apenas una muestra de los desatinos ambientales producidos por la CNEA. En su mayoría fueron guardados como secreto de Estado, y solo salieron a la luz cuando la contaminación no pudo ocultarse. La ciudad de Villa Carlos Paz, en Córdoba, todavía recuerda las descargas de líquidos alternativamente ácidos y alcalinos, verdes y blanquecinos, que la empresa Sánchez Granel Ingeniería, contratista de CNEA, descargaba clandestinamente a la cuenca del río San Antonio. A los 24 años del cierre de esa mina, acelerada por los desastres ambientales y la protesta popular, hoy la mina sigue produciendo problemas”.

La basura nuclear de Australia es basura, y también blanco para actos terroristas internacionales.

En su nota dirigida a los Diputados, el presidente de FUNAM indicó que las constancias de los desbarajustes ambientales producidos por CNEA y sus residuos “están disponibles en información publicada y no publicada que obra, incluso, en la propia CNEA”. El biólogo Raúl Montenegro agregó que la CNEA “no puede ser contratista de INVAP para tratar la basura nuclear de Australia porque ni siquiera ha podido controlar sus propios residuos. Para comenzar, no puede ofrecer servicios de tratamiento si antes no soluciona todos los desbarajustes ambientales que ya produjo en Argentina, y que por cierto no remedió. Es inaceptable que la sociedad haya tenido que sufrir las consecuencias de los depósitos de residuos radiactivos de la CNEA, y que ahora este mismo organismo pretenda hacerse cargo de la basura nuclear australiana, todo para que INVAP haga un supuesto buen negocio. Decimos ‘supuesto’ porque la ilegalidad y el riesgo no valen los 90 millones de pesos que ganará INVAP por la construcción del reactor nuclear. Los Diputados deberían iniciar una cuidadosa investigación para asegurar que los negocios de INVAP no se hagan utilizando presupuesto público, ya que esto implicaría vender tecnología con subsidio, algo inaceptable en un país en crisis”.

Montenegro señaló a los Diputados que debía aclararse ante todo “una confusión de términos. INVAP, agregó, “dice para tranquilizarnos que los residuos que vendrán de Australia no son residuos. Esto es una falta de respeto para los argentinos, para el parlamento que aprobó legislación sobre temas nucleares y para la gente. Lo que pretenden traer de Australia es combustible nuclear agotado, parecido al que produce aquí la central nuclear de Embalse. ¿Alguien duda de que el combustible agotado de esta central es basura?. Si no es basura, ni plantea grandes riesgos ¿Porqué se almacenen en piletones rigurosamente vigilados?. En realidad, el combustible nuclear agotado de Australia, que es residuo altamente radiactivo, se considera como tal porque después del tratamiento no tiene un uso posterior. Una vez devueltos a Australia los residuos procesados (que se llaman LLIL) serán enterrados en ese país”.

El biólogo Montenegro indicó a los Diputados que el combustible nuclear agotado de Australia “también debe ser considerados residuos por otra dos razones: porque son inútiles para los argentinos, y porque son peligrosos por más de mil siglos. Por si fuera poco, son un atractivo blanco para los grupos terroristas internacionales. Realmente, 90 millones de dólares no justifican la violación de la Constitución, y mucho menos que nos usen para tratar lo que otros países no se animan a hacer en su propio territorio”.

Montenegro agregó que la inclusión de CNEA como subcontratada de INVAP “es inadmisible porque mal puede hacerse cargo de basura radiactiva extranjera cuando ha ido dejando basurales radiactivos de uranio pésimamente gestionados en todo el país”. FUNAM solicitó a los Diputados que también se investiguen “los desbarajustes ambientales producidos por CNEA” y que este organismo nacional “solo podrá ofrecer servicios cuando tenga la tecnología y la infraestructura para hacerlo, y haya remediado previamente todos los basurales que fue dejando en el país”. Es una falta de respeto que INVAP, para ganar el Contrato, haya ofrecido un servicio que la CNEA no tenía aún desarrollado. Como la CNEA depende del estado federal, es decir de nuestros impuestos, algún malintencionado habrá pensado que el propio gobierno contribuiría para la construcción de esas instalaciones, así quedaban listas para cuando los australianos las necesitasen en el 2014. Un país con las crisis que enfrenta Argentina no puede darse el lujo de subsidiar una tecnología peligrosa y obsoleta”.

El biólogo Raúl Montenegro sostuvo que hay “un agravante más. El Acuerdo no solo habilita el procesamiento de la basura nuclear australiana  (lo que nos habilita para hacer los mismo con otros países) sino que permite también el reprocesado de combustible nuclear agotado. Esto tiene una gravedad institucional sin precedentes. El gobierno de Argentina firmó un Acuerdo con Australia sin que el Parlamento fijase previamente una política de manejo de los residuos radiactivos. Si esta norma y esta política no existen, la Cancillería no debió arrogarse tales funciones. Porque a la barbaridad de aceptar el procesado de la basura nuclear extranjera se le agrega, con el Acuerdo, la posibilidad de que se haga retratamiento, y se extraiga de esa basura el Plutonio 239 y el Uranio 235 remanente. No hace falta explicar lo que esto significa política y estratégicamente. Ambos son materiales factibles de ser usados para fabricar bombas de fisión. ¿Cómo pudo el Poder Ejecutivo avanzar de este modo sobre el parlamento y la ciudadanía?.”

FUNAM recalcó que la institución “no está en contra de los desarrollos tecnológicos de INVAP. Esta empresa del Estado podrá seguir ofreciendo sus productos, pero sin violar la Constitución, y sin ofrecer servicios para los cuales no hay tecnología ni financiamiento”.

Desde FUNAM, una ONG status consultivo en el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas se advirtió que el tema denunciado “es extremadamente grave. Esperamos que el Parlamento asuma su rol de cuerpo independiente del poder Ejecutivo y de las empresas, aunque sean del Estado, y que simplemente cumpla y haga cumplir la Constitución y aplique el sentido común. Es preferible que los Diputados anulen un Acuerdo ilegal y mal hecho, y generen uno nuevo, legal y transparente, antes que convalidar la venta de nuestra dignidad y de nuestra seguridad”.

Fuentes: FUNAM (Córdoba); octubre de 2003.

Este material puede ser reproducido, citando el autor y la fuente. Se ruega remitir una copia de lo publicado a funam@funam.org.ar



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