|
"La señora de
Ansenuza".
Por Cristina Bajo. (*)
" La voz de su
amada le hizo comprender muchas cosas, y entre ellas que
ya nunca más sufriría el dolor de ser hombre, que más
que el de los sentidos es el del pensamiento: se había
convertido en un ave de largas y estilizadas patas, con
un pico adecuado para alimentarse de lo que la laguna le
brindara. Ignoraba que su nombre era
flamenco, que el color de su hermoso plumaje
era de un rosado que recordaba el amanecer y que desde
entonces, y por siglos, viviría en Ansenuza."Como
su soberana había llorado días y días luchando por la
vida del amado y oponiéndose al Señor del Fuego
-comprendiendo al fin lo que debían sentir los hombres
ante su indiferencia- terminó resultando que tantas
lágrimas derramadas llegaron a convertir la arena en
salitre. Por esto las aguas se volvieron turbias, perdiendo en
transparencia pero volviéndose balsámicas para
algunas enfermedades de los seres humanos: esta vez
la señora de Ansenuza no había olvidado sus
promesas y por siglos, los indígenas de las tribus
cercanas fueron a la laguna esperando conseguir de
ella alivio para sus males".
(*) Escritora. (Cristina Bajo, "La
señora de Ansenuza", en "La señora de
Ansenuza y otras leyendas", Ed. del Boulevard,
Córdoba, pp. 45-54).
Este
material puede ser reproducido, citando el
autor y la fuente. Se ruega remitir una
copia de lo publicado a funam@funam.org.ar
|