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Acuerdo transitorio entre vecinos de barrio Ituzaingó Anexo y productores agropecuarios. Aplicarán por única vez un plaguicida biológico, menos tóxico que los químicos.  

Después de una larga jornada de debate en el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba,  los vecinos de barrio Ituzaingó Anexo firmaron un acuerdo con los productores de los campos que están ubicados junto al barrio. Por única vez se les permite la pulverización del cultivo con un plaguicida biológico a base de Bacillus thuringiensis. Esta alternativa es mucho menos tóxica que el uso de insecticidas químicos de alto riesgo sanitario y ambiental. Acordaron también que solo se haría "aplicación terrestre" y que los productores, previo a la aplicación de Bacillus thuringiensis, debían avisar "fecha y hora" a los vecinos, a la Secretaría de Agricultura y al Ministerio de Salud. 

El Biólogo Raúl Montenegro, Presidente de FUNAM y representante técnico de los vecinos indicó que la decisión de utilizar este plaguicida biológico  “se tomó para proteger la salud de los habitantes de barrio Ituzaingó Anexo” afectados por un número elevado de casos de leucemia, otros tipos de cáncer y enfermedades como lupus y anemias que podrían haber sido provocadas por varios factores ambientales, entre ellos los plaguicidas. Montenegro recordó que los vecinos "estuvieron expuestos a un verdadero cóctel de sustancias químicas y energías no ionizantes, desde restos de plaguicidas y posibles escapes de PCB hasta campos magnéticos y presencia de metales pesados en los tanques de agua, particularmente arsénico, plomo y cromo".

La decisión de fumigar por única vez con ese plaguicida biológico también resolverá el problema que declararon tener los productores. Estos temían perder sus cultivos por el ataque de varias especies de "isoca", orugas de mariposas plaga.

El Biólogo Raúl Montenegro indicó que Bacillus thuringiensis."es una bacteria gram positiva que reduce las poblaciones de varias especies plaga. Actualmente se utilizan cuatro subespecies principales: B. thuringiensis kurstaki y B. thuringiensis aizawai que actúan sobre orugas de mariposas, B. thuringiensis tenebrionis sobre escarabajos, y B. thuringiensis israelensis sobre moscas y mosquitos". 

Montenegro recordó que Bacillus thuringiensis "produce la toxina denominada Delta-Endotoxina cuando se forman las esporas. Pero no es un insecticida de contacto. Es necesario que los insectos susceptibles ingieran las esporas de la bacteria durante su fase larval ("isocas"). La toxina actúa en el intestino medio de las larvas. Sus células intestinales se paralizan, y la digestión normal del insecto queda interrumpida. De allí que los insectos afectados mueran de hambre y por infecciones. Lo importante es que no provoca epidemias en las poblaciones de insecto plaga". Agregó que las formulaciones comerciales "incluyen: granulados, polvo, suspensiones y formas líquidas. La potencia del insecticida B. thuringiensis se expresa en unidades internacionales (IU) o bien en billones de unidades internacionales (BIU) por unidad de medida (masa, área o volumen)".

El presidente de FUNAM sostuvo que uno de los problemas que suelen presentar los preparados comerciales de Bacillus thuringiensis "es su contenido en exotoxinas. Estas son producidas y descargadas por las células bacterianas. Pero en el proceso de manufactura de los insecticidas a base de B. thuringiensis trata de minimizarse su presencia".

La reunión y el acuerdo.

Aunque la idea de aplicar Bacillus thuringiensis surgió durante el encuentro realizado en el Concejo Deliberante, sus términos fueron discutidos y aprobados recién por la tarde. Estuvieron presentes un representante de los vecinos y sus dos asesores técnicos, el biólogo Raúl Montenegro y la abogada Elba María Martínez, un asesor de los productores agropecuarios y un representante del Consejo Asesor de Agroquímicos de la Secretaría de Agricultura de la provincia de Córdoba.

El acuerdo entre los vecinos y los agricultores puntualiza que la decisión es “coyuntural” debido a “la situación de emergencia sanitaria municipal” declarada en barrio Ituzaingó Anexo en marzo de 2002. Además indica que la fumigación con el plaguicida biológico a base de Bacillus thuringensis se realizará “por única vez, salvando una franja de separación de 200 metros entre los campos sembrados y barrio Ituzaingó”. El acuerdo establece que con anterioridad a la pulverización "los productores deben comunicarlo a la Secretaría de Agricultura, al Ministerio de Salud, a la Dirección de Ambiente y a los vecinos de Ituzaingó". Gracias a este aviso previo los pobladores del barrio podrán tomar sus recaudos y evitar efectos negativos sobre la salud. El documento también indica que la pulverización deberá efectuarse en un “día calmo”, es decir, con viento que no supere los siete kilómetros por hora. Prevé asimismo “carácter de urgencia y en el término de una semana” la conformación de un equipo técnico de estudio de manejo integrado de plagas, para disminuir el impacto sanitario y ambiental “que provocan las prácticas agropecuarias.

Desde FUNAM se indicó que Bacillus thuringiensis "es una bacteria que se encuentra en forma natural en los suelos" y que ha sido utilizada "para el control de orugas de mariposa, larvas de escarabajo y larvas de moscas y mosquitos". El biólogo Raúl Montenegro explicó que esta herramienta "es mucho menos tóxica que las sustancias químicas utilizadas hasta ahora" y reiteró que "no genera epidemia en el insecto”. Advirtió que si bien el acuerdo refleja “un avance entre los vecinos y los productores, lamentablemente muestra el fracaso de los organismos del gobierno para ejercer el rol que le corresponde. Mientras los funcionarios observaban sin aportar ideas, productores y vecinos debimos buscar una solución por nosotros mismos". Recordó, por otra parte, que esto reitera "lo ya sucedido en materia de estudios. Hoy conocemos mejor lo que está sucediendo en el barrio porque organizamos toda una serie de muestreos y análisis que luego realizó el gobierno. Lo preocupante es que barrio Ituzaingó Anexo no es una excepción. Muchos barrios de la ciudad y de la provincia que coexisten con campos fumigados pueden estar sufriendo sus consecuencias. Mientras el Estado no asuma sus responsabilidades de control, y no se cambie dráticamente el enfoque eminentemente químico del control de insectos la gente seguirá enfermándose. Urge que el Manejo Integrado de Plagas o MIP prevalezca sobre el uso único de sustancias químicas. Es preciso incorporar controles biológicos, alertas tempranas de plaga, técnicas de mezcla de cultivos y muchas otras herramientas del MIP. Lamentablemente las grandes empresas de plaguicidas y semillas siguen apostando al uso de químicos y especies transgénicas. Pero a medida que se conozca el tremendo costo que esto tiene sobre la salud y el ambiente no me cabe duda que las estrategias de producción cambiarán".

Fuentes: FUNAM (Córdoba); La Voz del Interior, enero y febrero de 2003.

 



Este material puede ser reproducido, citando el autor y la fuente. Se ruega remitir una copia de lo publicado a funam@funam.org.ar


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